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jueves, 18 de julio de 2013

Al estanque del amor





Vamos todos al estanque del amor, donde gimen las camas, los hombres son pescados y los peces pescadores; mujer que posa, desnuda, sentada en su silla de madera con las piernas cruzadas y los labios rosados. Si atienden al lloro sus ojos,  llueve, y si ella duerme la luz se apaga. Donde el agua sabe a fresas o limón, donde refleja un cometa de cola endeble dispuesta a enderezar.
Vamos todos al estanque del amor donde hay soles rojos y violetas; barcas de sensualidad. Remarán sus uñas largas y no habrá Caronte ni Sirenas, sólo prendas leves y el bailar de sus caderas en tu sien, la mirada de Afrodita y el deseo sin cortinas, nada oculto a la intención.
Aleteo de libélulas; el sentido auditivo, la ilusión óptica. Te observan, capturan tu giro, tu posición, sin perturbarte o lo contrario, vuelan velozmente y te cortejan.
Nadie estando cerca pasó sed, nadie olvida su sabor, sus encantos de mujer.

Estanque de amor, dinero y salud brindada.






(Imagen: obra de
Henryk Siemiradzki)

domingo, 2 de junio de 2013

Tanto por sentirse



                              

Por la mañana, luego que el gallo cantase con brío al ocaso
y las piernas me apoyaran, salí de casa a ejercitar mi corazón.
Recorrí una vereda que aún sirve de camino a los pastores,
de cobijo y escondite a los amores clandestinos,
que siembran besos en el aire y tras la lluvia son las flores
más bonitas las que adornan la linde y perfuman el sol.
Empezaba a sudar mi pecho cuando entretuve mis ojos
en el trigal que cual mar llenaba bajo el cielo azul la tierra.
Fue a esta guisa que el viento meció las espigas doradas
y me hizo sonreír. Fue una mariposa con alas de seda
que surgió de entre el trigo y me acompañó harto tiempo.
Al dejar de verla, mirando al suelo descubrí su sombra
junto con mis zapatillas que escupían polvo, y el aleteo
que su silueta dibujaba fluyó en mis venas como sangre
y volé al trote cautivado por aquella belleza, ante un amarillo
caliente y un tiempo terroso, un castaño fondo salpicado,
y mi pequeña que al poco pude ver, que tanto amo, en mi cabeza.






(La imagen no es de mi autoría)



sábado, 11 de mayo de 2013

Que la noche nos espere despierta





En la habitación del hotel
estaba la cama hecha
y el amor sin hacer.

Entramos, cerramos la puerta, colocamos la tarjeta electrónica en su ranura... las maletas caen al suelo y nos enganchamos con furia, desatando el deseo más intenso, liberando del tártaro nuestras más cautivas perversiones sexuales, desordenando formalidades, rompiéndonos la camisa, los pantalones, y empapándonos de saliva y fluidos.

Le dimos la vuelta a la habitación,
la cama quedó deshecha
y hecho yació el amor.

Hablamos un poquito, soñamos, y como protagonistas de una película salimos volando por la ventana. “Este es el mejor comienzo para un viaje. El primer monumento a visitar: tu cuerpo”. Habiendo dejado entonces el impulso mancebo de nuestros apetitos en aquella habitación, vamos viendo como la luz de la ventana se aleja, volando en la noche estrellada y serena del mejor de todos los veranos. Nuestros cuerpos ingrávidos y ligeros espuman el aire fresco, sus labios endulzan mis papilas y el perfume de su cuerpo es cómplice del aspecto enervo  de una luna observadora.

Lengua de sombra azul,
lejana alfombra donde aterrizar
luego de tener en brazos mi Cruz.

El relente nos peina y en oídos nuestros que es sonada la campana de una vieja catedral, allá al fondo, allá abajo… "mira y vislumbra luces pequeñas, amarillas y naranjas entre tanta oscuridad". No es tarde, nunca lo es estando juntos. Las transparencias de su camisón de viento, el mismo que me envuelve mientras la abrazo y recorro su tronco suave, dejan que vea su alma luminosa, y mi cuerpo desnudo, que puede helarse, se calienta y prende cuando sus ojos juguetones me sonríen.

Sensaciones etéreas, pies descalzos,
recorre mi organismo la pasión
de tenerla en mi regazo.

Justo ahí, nos paramos justo ahí… Movemos nuestras piernas como a nado pero en vuelo estamos y la agarro.  Acaricia mi pecho, mi estómago, mi todo… Y engarzamos, a ritmo fugaz, nuestros dedos, nuestras manos, mi embestida y un gemido, el arrope de sus brazos con mi espalda, mis costados. Las gotas de sudor se difuminan bajo nuestros cuerpos, la aurora avisa con su rojo escarlata y entre tanto, bajamos relajados, con miradas infantiles, hasta tocar la punta de una montaña con nuestros talones. A partir de ahí, justo a partir de ahí es cuando ponemos los pies en el suelo, encendemos una hoguera y calentamos pan, leche y cariño.


domingo, 5 de mayo de 2013

Epístola


















Córdoba, 2 de mayo, 2013.



Diosa:

          Toma la llave del buzón de nuestra futura casa, y mis ojos. Dentro hay una carta que todavía escribo y escribiré, hondura del talante al remitir y un hombre al portador que adeudo con recargo de “para siempre”. Dame tu mano de sol y mar porque quiero sentir que siempre estás a mi lado. 
          Y mientras lees yo te observo, yo te amo, enmudezco. Se refracta mi mirada cuando cruza por tu lágrima, del iris esclava, y es cuando veo un arco pintado de carne y marfil. Es tu sonrisa, siete colores que embellecen al cielo; y yo tan gris deseo fundirlos con mi sangre hirviendo, volar y atravesarla erguido dejando estelas cándidas, pilotando una avioneta diseñada en tus sueños, construida en los míos.
          Destinataria de mi aliento, mira en el reverso y comprueba que mi dirección es la tuya, que miro hacia donde tú miras, que camino en tus piernas, que me pierdo en tu ombligo. No hay sopor, molestia o enfado que engañe a mi corazón, que no se invierta al verte entregada, que no sane con una muestra de tu amor. Me agiganto sólo con el roce de tu pelo en mi mejilla, con un beso tuyo inesperado, con tu confianza innata y tu expresión magnánima.
          Donde antes hubo polvo, telarañas, ahora habrá correspondencia. Dónde antes no hubo nada, sólo tierra, ahora habrá cobijo y descendencia. Cuando el tiempo te mecía en aquellos lares, yo inconsciente volvía a tus dieciocho años. Y ahora, perpetuo llega lo que no era, acerado el rostro de haber cruzado por entre bosques de espinas, de haber errado también las decisiones, de haber  aguantado al rojo vivo.
          Pero todo ese oscuro tránsito, en tus mientes y en las mías, ha empujado nuestros cuerpos que se han apoyado y no han caído. Frente a frente nos hemos visto tras un largo e infructuoso trayecto… y nos hemos enamorado.
         
        

Amiga, querida compañera, futura esposa, te quiero:

                                                 Firmo a lengua y sello con mis huellas en tu piel.




(Imagen de mi autoría)